martes, 21 de marzo de 2017

Ingresos y empleo ¿sólo sensaciones?, Columna en Clarin 21-3-17

Columna publicada en CLARIN 21-3-17

Ingresos y empleo ¿sólo sensaciones?

Un par de décadas atrás, un colega ya desaparecido (ingeniero pero que trabajó como economista e historiador) recordaba el contraste que denotaban las apreciaciones individuales de empresarios entrevistados entre las referidas a su situación personal y las que caracterizaban al acontecer de su sector de pertenencia.
Palabras más o menos la descripción era esta: "en los años de Martínez de Hoz ante la pregunta sobre la situación general la respuesta era favorable mientras que al requerirse una evaluación específica de su empresa se obtenía un ´no, yo estoy en la lona´. Simétricamente, durante el primer gobierno luego de la recuperación de la democracia al repetirse el interrogatorio las respuestas se invertían: la situación individual se la veía floreciente pero la apreciación relativa al conjunto era francamente negativa".
La consultora Voices realizó, hace pocos años, una gran encuesta para recabar la opinión de los argentinos acerca de la educación. Entre las cosas que se extrajeron de ella se señala que si bien había una opinión mayoritariamente crítica o reticente sobre la educación en general las respuestas referidas a la escuela de los propios hijos eran predominantemente favorables. Aquí también parecía que el problema era “de los otros”.
De manera que en los fenómenos sociales y en sus percepciones e interpretaciones estamos lejos de encontrarnos con afirmaciones exactas o certidumbres plenas. Podemos preguntarnos ¿los fenómenos sociales son lo que son o lo que creemos que son? ¿son lo que me ocurre individualmente o lo que entiendo que es lo que le ocurre a mi entorno de pertenencia? Esto viene a cuento de la situación presente en materia social y económica, de la valoración sobre los antecedentes del acontecer actual, así como de los elementos que nos permiten hacer alguna predicción sobre el devenir próximo.¿Valen los datos? Ya comentamos en otra columna que entre el segundo y tercer trimestre de 2016 los ingresos laborales y personales registrados por la EPH habían dejado de ver socavada su capacidad de compra. Pero casi nadie se dio por enterado de tal evidencia. Aun no se cuenta con la información detallada proveniente de la EPH para extender el análisis temporal a la última parte del año pero recientemente, junto con la información sobre pobreza, la UCA mostró que los ingresos laborales tanto de los trabajadores protegidos como los de los precarios habían tenido mejoras en 2016 respecto del año previo.
Más precisamente, que en el tercer trimestre del año pasado habían mejorado respecto de la medición de fines de 2015. La única categoría ocupacional cuyos ingresos desmejoraron –según el informe de la UCA- es la de los empleos inestables pero ésta comprende a sólo un quinto de los ocupados. Ambas fuentes abonan la misma línea de interpretación: en la primavera última no sólo empezó a morigerarse el alza de precios (incluido el congelamiento judicial de tarifas) sino que se generalizaban los impactos de las mejoras acordadas en los convenios colectivos de trabajo.
¿Y de aquí en más? No es posible asegurar que los datos incipientes de los meses de verano se mantendrán o podrán aun mejorar. Sin ánimo de comparación, vale la pena recordar que a fines de 2002 había dudas de que los elementos que entonces se percibían y que eran calificados como una primavera o un “veranito” se fueran a consolidar y menos aún que alumbrarían un período significativo de recuperación primero y de crecimiento más tarde.
Para poder apreciar el verdadero significado de los indicios actuales es preciso despojarse de la intencionalidad que nos puede impulsar a creer que ya han desaparecido los obstáculos económicos y sociales o, por el contrario, que nos “convence” que nuestras predicciones más negras están en evidencia. ¿Se está creando empleo o se lo está destruyendo?
En el segundo semestre de 2016 se volvió a crear empleo (a la inversa de la primera parte del año cuando se perdieron decenas de miles) y la EPH ha mostrado una nueva baja en el desempleo en el cuarto trimestre si bien asociada con una baja de la tasa de actividad ¿Se ha perdido capacidad de compra de los ingresos laborales o se la ha recuperado en parte? Los aportes a la seguridad social del primer bimestre de 2017 han sido superiores al del lapso equivalente de 2016 en proporción similar al del aumento del índice de precios por lo que la pérdida sufrida en los meses iniciales se habría empezado a recomponer.Respecto de múltiples aspectos, la sociedad ha perdido la certidumbre sobre la información que ilustra su desempeño, como consecuencia de la destrucción sufrida por las estadísticas públicas del país en la última década y el INDEC no ha logrado aún reconquistar el lugar de confianza y seguridad que supo tener.
Se afirma con razón que no hay otro camino que el diálogo político aún bajo la forma de debate enfático de ideas y posturas. Otra cosa muy distinta es la mezquindad de facción o grupo. Para que ese diálogo sea fecundo es necesario disponer del más amplio y variado muestrario de elementos de información. Para la terquedad parcializada, en cambio, no importan los datos de la realidad. Los empresarios aludidos al inicio, para bien o para mal, confundían lo que les pasaba con lo que creían que ocurría, a veces privilegiando su deseo y en otros momentos despreciando su propia experiencia. Quizás podamos escapar de esa maraña.

Acerca de la reconstrucción de las estadísticas públicas, E de la Fuente, FM Palermo, 20-3-17

Entrevista de Eduardo de la Fuente, Desbordados, FM Palermo 94,7 el 20-3-17 alrededor de la tarea de reconstrucción de las estadísticas públicas en Argentina


viernes, 17 de marzo de 2017

DETRÁS DE LAS CIFRAS DE LA EPH

Columna en EL ECONOMISTA 17-3-17

DETRÁS DE LAS CIFRAS DE LA EPH

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Cuando aparecen los datos de la Encuesta Permanente de Hogares es grande la tentación de hacerle decir a sus datos determinadas cosas. El primer inconveniente a sortear es el de percatarse que los datos refieren a un lapso que, si bien relativamente cercano, no necesariamente se corresponde con la realidad estrictamente actual. En efecto, los datos conocidos ayer refieren a la última parte del año, más específicamente a los meses de octubre a diciembre de 2016.

En tal sentido la buena noticia de una importante baja en la tasa de desocupación (casi dos puntos porcentuales menos que en el peor momento del año) se relativiza por dos aspectos. Razones estacionales tienden a mostrar un “mejor” desempeño de los indicadores socioocupacionales en la segunda mitad del año, por una ´parte. Y, por la otra, que en este caso la disminución viene asociada con un leve descenso de la tasa de empleo. En conjunto ambas disminuciones dan cuenta de una menor tasa de participación económica de la población o tasa de actividad.

fComparación Es sabido que no es razonable comparar los resultados de la EPH rediseñada luego del “apagón estadístico” decidido por la nueva gestión del Indec a comienzos del año anterior con la serie precedente elaborada durante la “intervención” del organismo.

De manera que apenas puede afirmarse que los datos guardan aparente correlato con los resultados informados por el Ministerio de Trabajo Economía (en este caso sólo referidos al empleo registrado tanto de asalariados como no asalariados). Los últimos datos disponibles indicaban que en la última parte del año parecía consolidarse un proceso de reversión del pésimo desempeño de la primera mitad de 2016 cuando se perdieron decenas de miles de puestos de trabajo. En contraposición, el segundo semestre mostró un dinamismo significativo con la creación de más de 140.000 puestos.

Ciertamente es necesario disponer de información más detallada como para ver qué pasó con los ingresos laborales y no laborales. Ello permitiría corroborar o no lo informado en el reciente documento del Observatorio de la UCA acerca del mejoramiento de los ingresos de 2016 respecto de fines de 2015. Cuando estén las Bases Usuarias de la EPH se podrá también indagar acerca de la calidad del empleo, especialmente sobre la situación de protección o desprotección del trabajo asalariado. También para analizar las ramas de actividad en las que se haya creado o destruido puestos de trabajo.

En síntesis, se trata de una buena noticia que no puede menos que confrontar con las expresiones críticas sobre la situación sociolaboral actual que estarían en la base de medidas de fuerza vigentes o anunciadas en estos días. A menos que en el primer bimestre del año la situación se haya modificado sustancialmente parece que habría que revisar o relativizar algunos de los fundamentos de los reclamos. Aunque, es sabido, no es sencillo encontrar la vara adecuada para medir los dramas que atraviesan a nuestra sociedad.

domingo, 12 de marzo de 2017

No alcanza con un buen termómetro, pero hace falta, Columna en Perfil 12-3-17

No alcanza con un buen termómetro, pero hace falta

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11|03|17
23:58
FOCO. Hoy se mide sólo el empleo registrado.
FOCO. Hoy se mide sólo el empleo registrado. Foto:Cedoc Perfil
Algunos han repetido sobremanera que la gestión estatal requiere buena y oportuna información. De allí que haya sido vista con buenos ojos la tarea de  restaurar la generación de estadísticas públicas, en particular en la institución rectora del Sistema Estadístico Nacional: el Indec. 
La tarea es inmensa y parece bien encaminada. Los huecos que aún se perciben no son pocos y no sabemos si podrán ser cubiertos de manera adecuada, en particular si se abordara la necesaria tarea de reconstrucción de series valiosas. 

En el caso del empleo y de los ingresos laborales, todavía no sabemos si los rediseños de la Encuesta Permanente de Hogares (EPH) efectuados en 2013 –justificados en los resultados del Censo de Población de 2010– son técnicamente correctos y adecuados. En simultáneo, la proximidad del próximo Censo de Población y Viviendas agrega tensión y ansiedad a los interrogantes. 
Entretanto, los interesados siguen haciendo uso de la información originada en la AFIP a partir de los aportes y contribuciones al sistema de seguridad social y que procesa el Ministerio de Trabajo, Empleo y Seguridad Social. Ese ministerio había dejado de utilizar como fuente principal a la EPH por las dudas que produjo su manipulación. Sus organismos técnicos y de estudios concentraron su atención en la información sobre empleo registrado. Estas tabulaciones, sin embargo, dejan fuera del plano de observación a un tercio de los asalariados y a más de la mitad de los no asalariados.

El registro incluye casi diez millones de trabajadores en relación de dependencia (privados, públicos o domésticos) y unos dos millones de no asalariados. La diferencia hasta alcanzar el total de ocupados (estimados en más de 18 millones) corresponde a quienes se desempeñan al margen de las normas legales que deben proteger el trabajo de las personas sea cual fuera su inserción en el proceso productivo.

Se puede tener la mirada optimista e imaginar que en breve dispondremos de la información adecuada para diagnosticar mejor la situación sociolaboral. A la información algo difusa del período 2012-2015 agregaríamos mayor precisión sobre el desempeño del empleo en 2016. Seguramente corroboraremos que su primera mitad fue extremadamente dura para los trabajadores con pérdida efectiva de fuentes de trabajo y que en la segunda mitad empezó a revertirse tanto la situación referida al número de personas como los ingresos obtenidos.
Con todo, el saldo del año para los asalariados privados fue negativo en número de personas y la recuperación de los ingresos hacia fines del año no alcanzó para cubrir la pérdida de consumo de la primera mitad. Todo esto surge de la información a la que se le suele dar el nombre de “en blanco”. No se dispone de elementos referidos a ese tercio o más de miembros del mercado de trabajo que se desempeñan fuera de los marcos protectorios correspondientes. Nos aproximaremos a ello cuando tengamos cubierto al menos un ciclo anual de la EPH y apenas aseguremos que la totalidad de los datos que de ella se derivan tienen la certeza y confiabilidad que adquirieron en décadas pasadas.

Pero de lo que no habría dudas es de que la mayor precisión del “termómetro” sólo mejorará nuestro conocimiento sobre la magnitud de la tarea que la sociedad argentina tiene por delante. Incumbe a las autoridades gubernamentales, a los dirigentes de las diversas fuerzas políticas, a las organizaciones de los empresarios, a las dirigencias gremiales y a los variados grupos sociales sentarse a dialogar poniendo sobre la mesa de discusión la mejor información posible y haciendo uso leal de la mejor referencia disponible.
Una de las perversidades mayores que derivaron de la década de destrucción de las estadísticas públicas es la que se observa en los intercambios en los que cada partícipe asienta su argumentación en datos de origen a veces incierto y por lo general sin preocupación por verificar su propia coherencia interna o desconociendo el fundamento de informaciones alternativas. No debería estar lejano el día en el que, por ejemplo, la discusión respecto de un sector de asalariados transite por la fijación de un horizonte de recuperación de la capacidad de compra de los ingresos pero no haya discrepancia sobre la cuantía del eventual deterioro. O mejor aún, que se discuta sobre un sendero de mejoramiento del salario real lo que sólo puede hacerse con información fehaciente, confiable y oportuna.
Recién allí empieza el verdadero debate.