martes, 20 de febrero de 2018

Enfrentamos o no un "problema laboral"? Nota y entrevista de Juan P Barca para iProfesional

Entrevista de Juan P Barca sobre la situación laboral (escuchar)



La nota apareció en iProfesional el 20-2-18

"Sensación de desempleo": en un mercado de elevada rotación, el Gobierno puja por imponer su "relato laboral"

20-02-2018 El frente sindical se recalienta, en medio de las protestas por el cierre de industrias. Pero en el macrismo niegan que haya una crisis en el mercado del trabajo. Hablan de una "reconversión" profunda, con sectores que expulsan mano de obra y nuevas actividades que ahora demandan
Por Juan Manuel Barca
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La oleada de despidos iniciada a fines del año pasado viene generando un impacto negativo en la opinión pública, algo de lo que el Gobierno viene tomando nota. 
Las fuertes protestas callejeras, que elevan su queja por los trabajadores que quedan en la calle, y hasta la reacción de la oposición en el Congreso, con proyectos que intentan suspender las cesantías, son algunas muestras del descontento. 
Sin embargo, en el macrismo vienen haciendo foco en otra tendencia: lareconversión del empleo
En contraste con el termómetro social, los funcionarios resaltan que se está transitando un intenso cambio en el mercado laboral, que si bien genera la pérdida de puestos, también alienta la creación de nuevas fuentes, especialmente en el área de servicios. 
En ese marco, la consultora Tendencias Económicas detectó en diciembre y enero 7.500 desvinculaciones, la mayoría en el sector público (4.756) y, en menor medida, en el privado (2.814).
Los datos relevados reflejan un volumen inferior al registrado el mismo período del año pasado. Además, equivalen a un 2% de los 253.000 trabajadores formales nuevos que se registraron en noviembre pasado. 
Sin embargo, a juzgar por las protestas, en la calle la sensación térmica es diferente.
El reclamo no solo fue impulsado por los gremios estatales, que el jueves se movilizaron a plaza de Mayo. También lo incorporó el propio Hugo Moyano a su protesta convocada para el próximo 21 de febrero.
Inicialmente, la marcha se limitaba a demandas gremiales. Pero, ante el aislamiento propiciado por el Gobierno, el líder camionero decidió ampliar el repertorio de sus consignas y contener a los sectores más duros.
Frente a esta avanzada sindical, en el Gobierno minimizan el efecto de los despidos sobre la percepción social. Las encuestas que manejan los funcionarios muestran que el tema ocupa "el cuarto o quinto lugar" en el ranking de preocupaciones de la gente. 
Como contrapartida, la inflación se impone con holgura, un rubro en el que los números oficiales revelan las dificultades que enfrenta el Ejecutivo para controlarla.
"No tenemos ninguna preocupación sobre el tema laboral, como sí la hubo cuando estuvimos 100.000 empleos por debajo", afirmó una fuente oficial a iProfesional.
La consolidación de la tendencia positiva es una de las principales metas que el Gobierno espera profundizar este año, de la mano la reactivación de la economía.
De acuerdo con la postura oficial, los nuevos puestos generados compensan las bajas previas y las que se registran ahora en determinadas ramas de actividad. 
"Siempre hay despidos, todos los meses. Pero ese número no es el neto", señalan desde la cartera de Triaca.
El informe de noviembre del Ministerio de Trabajo, en base al Sistema Integrado Previsional Argentino (SIPA), registró 12 meses seguidos de suba del empleo formal, con un total de 12,3 millones de asalariados del sector privado y público así como de independientes y monotributo social.
Desde noviembre de 2015 al mismo mes del 2017, la cifra de trabajadores formales ascendió en 293.000.
Monotributistas, los más dinámicosEn su lista de prioridades, el Gobierno se propuso este año frenar la inflación, incrementar la demanda laboral y alcanzar un crecimiento del 3,5% del PBI.
Para lograr parte de esos objetivos será clave el impulso de la obra pública con el programa de participación público-privada, para la construcción de rutas, aeropuertos y viviendas.
Pero modificar el mercado laboral no será una tarea fácil. La radiografía actual refleja que los asalariados registrados del sector privado representan el 51% del total, el empleo estatal el 26% y los monotributistas el 13%.
El resto se reparte entre beneficiarios de planes, independientes o autónomos y asalariados de casas particulares.
Si se observa la evolución en los últimos dos años de los ocupados formales, los rubros que más crecieron fueron monotributistas (1,4 millones), independientes (409.000) y beneficiarios (354.000).
Todos ellos superaron el aumento de empleados públicos (62.000), domésticos (32.000) y privados, que quedaron en último lugar (10.400), según los datos del SIPA.
La menor participación del Estado es uno de los principales cambios respecto de años anteriores, cuando el sector público era el principal motor de la ocupación.
El otro aspecto novedoso es el auge de los monotributistas, que tiene una doble lectura: refleja la formalización de personas antes en situación irregular, como así también un mecanismo de contratación precaria o bien la reconversión de despidos en "emprendimientos".
Ganadores y perdedoresSegún expertos, la economía argentina necesita generar año a año más puestos de trabajo para atender el crecimiento demográfico.
Los especialistas señalan que se estaría en condiciones de cubrir la "población demandante" de puestos de trabajo con un piso de 200.000 empleos anuales. 
A la par del Gobierno, los analistas también observan una mejora del mercado laboral, luego de que se perdieran 100.000 puestos entre octubre de 2015 y abril de 2016.
"La situación es difícil, pero estamos lejos de las afirmaciones de dirigentes gremiales, ya que en 2017 se dio una recuperación de lo que se había perdido el año previo y se consolidó un crecimiento que se ubicó un poco más arriba que la tasa de variación de la población económicante activa", señaló a Javier Lindemboim, director del Centro de Estudios sobre Población, Empleo y Desarrollo (Ceped).
Pero, a diferencia del macrismo, los especialistas también advierten límites para la creación de más puestos y de mejor calidad.
Al igual que en el segundo mandato de Cristina Kirchner, la demanda de trabajo por parte del sector privado sigue prácticamente estancada.
Según los datos oficiales, después de dos años de gestión por parte de Cambiemos, las empresas sumaron apenas 10.400 asalariados (poco más de 8.000 en forma desestacionalizada).
Se trata de un volumen que, con alzas y bajas, está dentro de los promedios registrados desde 2012 en adelante.
A su vez, dentro del sector privado, hubo ganadores y perdedores. Construcción y Comercio registraron en noviembre 24.000 y 12.000 empleados formales más que en el mismo mes de 2015.
Como contrapartida, la industria sigue abajo, con 66.000 puestos menos, por lo que algunos analistas lo llaman el "agujero negro".
Para 2018, se espera un crecimiento del 1,8% del rubro manufacturero, una cifra que sería insuficiente y que se ubicaría por debajo de los niveles de 2015, tras caer 5% en 2016 y haber recuperado un 2% en 2017.
Los despidos de los últimos meses se localizan en las ramas textil, metalmecánica, alimentos, autopartes, frigorífica, cerealera, calzados y en el sector azucarero.
En algunos casos, incluso, fueron acompañados en el verano por el cierre de empresas, como ocurrió con el ingenio San Isidro en Salta, que empleaba a más de 700 personas; o la autopartista ITEC (antes Delphi) en San Juan, propiedad del extitular de la UIA, Héctor Méndez.
También alertan por problemas en la provincia de Buenos Aires, donde se encuentra el principal polo manufacturero del país.
"Se están produciendo algunos despidos por la suba de tarifas y la caída de la demanda", afirmó Silvio Zurzolo, titular de la Asociación de Industrias de la provincia (ADIBA).
El presidente de la UIA, Miguel Acevedo, tomó nota de esas problemáticas en las reuniones que mantuvo con las regionales de Buenos Aires, Santa Fe y Córdoba, en donde también asomaron quejas por las importaciones.
Además de la política económica, los especialistas señalan que hay factores de carácter estructural a nivel global que inciden en el decaimiento del empleo industrial, como el desarrollo tecnológico. 
La expectativa está puesta ahora en la demorada reactivación de Brasil -principal socio de la Argentina-, que podría impulsar este año al rubro automotor y a otras ramas de actividad. 
"La economía brasileña dejó de demandar buena parte de los autos que dinamizaron a la industria en los últimos años, pero si se recupera entonces podríamos ver una mayor demanda laboral", explicó Lindemboim.
En este contexto, un factor que habría amortiguado los despidos fueron lassuspensiones masivas del año pasado, que se dieron principalmente en el rubro automotor y siderúrgico.
Estas medidas reflejan el interés de los privados de reducir costos sin deshacerse de sus dotaciones, con la mira puesta en aumentar el uso de la capacidad instalada frente a una eventual recuperación de la economía.
Inversiones, en deuda El Gobierno confía en el impulso de la economía: si el PBI crece como está planteado, entonces la generación de puestos de trabajo se incrementaría 1 punto, según marca la relación entre ambas variables. 
Pero la gran incógnita pasa por la inversión, un factor clave para generar nuevos puestos.
Si bien empezaron a registrarse señales más claras, todavía predomina la incertidumbre: 
-Desde que asumió el Gobierno de Cambiemos, casi 650 empresas anunciaron más de 820 proyectos en la Argentina por u$s103.800 millones.
-Sin embargo, hasta ahora, sólo 120 se concretaron, por un monto total de u$s6.000 millones.
-En tanto, 185 están en ejecución (por u$24.000 millones) y el resto no arrancaron. 
En el Ejecutivo afirman que los anuncios poco a poco van llegando, especialmente luego de que el macrismo aprobara la reforma tributaria, que prevé una reducción de aportes patronales.
La otra medida destinada a crear empleo era la reforma laboral. Sin embargo, la misma se debió congelar hasta marzo por el rechazo de los gremios duros, liderados por los Moyano.
En la Rosada siguen con especial atención el desarrollo de proyectos privados. Macri encabezó recientemente el lanzamiento de un nuevo modelo de Fiat en Córdoba; mientras que el ministro de Energía, Juan José Aranguren, participó del anuncio de inversiones de Tecpetrol, la petrolera de Techint, en Vaca Muerta. 
En la misma línea, el ministro de Transporte, Guillermo Dietrich, protagonizó la semana pasada el primer vuelo de Norwegian, una de las nuevas compañías low cost.
Pero igualmente subsisten las dudas, las cuales se vieron plasmadas en la última gira oficial por Europa.
El volantazo que pegó la Casa Rosada, cuando anunció los cambios en las metas para 2018, desconcertó a los financistas.
Bancos y fondos de inversión no se lo negaron al ministro Dujovne: no confían en que el Gobierno cumpla los objetivos que se propuso para este año, tanto en materia de inflación como de crecimiento. Y hasta dudan sobre la sustentabilidad fiscal.
Así, entre el optimismo oficial y los reparos que siguen poniendo desde el exterior, hoy por hoy se debate la demorada "lluvia de inversiones", fundamental para dar inicio a la "revolución" del empleo que quiere impulsar el macrismo.

viernes, 16 de febrero de 2018

jueves, 15 de febrero de 2018

“Puede ser un buen año para el empleo pero hasta ahí”, Entrevista de P Vinokur, El Cronista, 15-2-18

Entrevista de Pablo Vinokur para El Cronista


Lindenboim: “Puede ser un buen año para el empleo pero hasta ahí”

En un mano a mano, Javier Lindenboim director del Centro de Estudios sobre Población, Empleo y Desarrollo e  Investigador Principal del Conicet, analiza el empleo en la Argentina y advierte que los empresarios pyme tienen miedo de contratar personal.

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Javier Lindenboim, director del Ceped
Javier Lindenboim, director del Ceped
Javier Lindenboim es uno de los máximos estudiosos de la situación del empleo en la Argentina. Aunque aclara que no son su especialidad, analiza cómo puede evolucionar el empleo en las pymes en 2018. Ve un año de crecimiento moderado y sin situaciones de crisis. "No es una bonanza pero tampoco es un escenario crítico", dice el director del Centro de Estudios sobre Población, Empleo y Desarrollo (CEPED) e  Investigador Principal del CONICET. Advierte que los empresarios chicos tienen miedo de contratar personal.
¿Cómo ve el mercado laboral en el país en general y en las pymes en particular?
Venimos con un rezago estadístico y siempre que analizamos estamos viendo las fotos de hace tres meses. El mercado de trabajo lentamente viene desde mediados de 2016 recuperándose de una calamidad importante sufrida a fin de 2015 y en la primera parte de 2016. Ese escenario explotó en el marco del gobierno de Cambiemos pero venía mostrando signos preocupantes en el segundo mandato de Cristina Kirchner.
¿Qué podemos prever para el año?
Una continuidad de esta situación relativa. No es una bonanza o tranquilidad pero tampoco es un escenario crítico o caótico que uno escucha en muchos analistas. No hay una situación grave ni en materia de demanda ocupacional vista desde el lado de los trabajadores. Ni desde el lado de los que buscan trabajadores en los ámbitos de empresas, aunque hay matices dependiendo del tamaño de las compañías.
¿Cómo sería esto?
Las empresas más importantes atraviesan situaciones diversas en materia económica con una solidez en las espaldas que no tienen las medianas y chicas. Las pymes tienden a mirar con más atención en qué momentos demandan fuerzas de trabajo porque les preocupa las situaciones de "desenganche" que puedan sobrevenir.
¿Esto sería que las pymes dudan más si contratar o no por los altos costos indirectos del empleo y los eventuales costos de reducir personal? 
En líneas generales esto es lo que está en la cabeza de tomadores de decisión de cualquier firma. Pero las chicas y medianas dicen tener una preocupación en este sentido. Si me hago cargo de todas mis obligaciones asociadas a la demanda laboral tengo que cerrar mi empresa, dicen muchos. 
¿Qué puede hacer el Estado? 
El Estado puede hacer cosas para simplificar la vida a los empresarios más chicos. También hay un mal hábito: en la Argentina estamos más acostumbrados a evadir que a cumplir las obligaciones fiscales. Hay una cuestión cultural que tiene ancla en la desaprensión por la responsabilidad social. La sociedad necesita autosustentarse y en parte eso lo hace con los compromisos fiscales. No estoy haciendo juicio sobre el  buen o mal uso que cada gobierno pueda hacer de esos recursos. Pero es una reflexión que nos debemos como sociedad. Dentro de ese cuadro, hay situaciones empresariales más complicadas que otras.
Muchos argumentan que las políticas de este gobierno favorecen a sectores económicos que no son generadores de empleo. ¿Qué opina? 
Es posible que haya algo de eso. El Gobierno, con aciertos y errores, busca iluminar un sendero de crecimiento y toma políticas que cree que apuntan a esa dirección. Una de las cuestiones que argumenta con razón es que la productividad media de la economía local creció lentamente frente a la productividad media del resto del mundo.
El tema es qué se hace con todas esas empresas de sectores sensibles utilizan mano de obra intensiva… 
El Gobierno dice que preocupa que las empresas desventajosas en materia de competitividad tienen que hacer esfuerzos adicionales. La cuestión pasa por si esos esfuerzos los hace la empresa por su cuenta, lo hace con ayuda del fisco o no lo toma como preocupación y se queda esperando a que alguien la ayude.
¿Por qué se demoran las inversiones? 
El Gobierno se equivocó fiero si pensaba que arreglando el tipo de cambio y pagando la deuda iban a venir inversiones de afuera. Pero tampoco vinieron las inversiones de adentro y en eso tienen que ver los grandes y los chicos. Sería bueno dejar las chicanas al costado. Estamos en deuda a la hora de discutir el modelo productivo, tanto en el Gobierno anterior como en este. 
¿Será un buen año para el empleo?
Puede ser un buen año pero hasta ahí. El consenso generalizado es que pese a ser un año par vamos a tener crecimiento. La demanda laboral se puede incrementar 1% que es el crecimiento de la población. Eso significa que no vamos a empeorar pero tampoco va a haber mejoramiento. Es una situación buena modestamente hablando. Y ojalá que no sea menos que esto

jueves, 25 de enero de 2018

Con buenos deseos no alcanza Columna en Clarin

Columna de hoy 25-1-2018 en Clarín

El año pasado nos dejó variados datos socio-económicos útiles para la reflexión. La tasa de actividad mostró una importante recuperación incluyendo cierto incremento de la tasa de empleo y una modesta declinación de la de desempleo (todo en relación a un año anterior).
Los ingresos de la ocupación principal en el tercer trimestre de 2017 fueron claramente mejores que los de 2016, pero aún no recuperaron el nivel de 2011 a 2013, cuando los ingresos laborales eran entre dos y cinco puntos porcentuales más altos que los actuales (sin mencionar 2014 año en que no sólo se perdieron cientos de miles de puestos de trabajo sino que se desplomó la capacidad de compra de los ingresos respectivos).
En cambio, los ingresos individuales (que incluyen –cuando los hay- ingresos laborales y los de otro origen como las jubilaciones) muestran ahora un nivel real similar al año 2013 que fue record para esta variable. A su vez, los ingresos familiares per cápita tuvieron un despliegue notable. Ya en 2016 habían registrado un nivel casi igual al record histórico de 2013. Y el año último crecieron de modo significativo: diez puntos porcentuales. Es decir, hay mejoría no sólo respecto al difícil año 2016.
En cuanto al empleo registrado, el año 2016 fue desfavorable en especial para los trabajadores de la industria. Sin embargo, en los últimos doce meses (hasta octubre último) se crearon casi un cuarto de millón de puestos. El promedio mensual es muy próximo al promedio del segundo mandato de la Doctora Cristina Kirchner (22.000 nuevos empleos registrados por mes). La diferencia importante reside en la composición de esos números, parecidos a nivel agregado. Entre 2012 y 2015 inclusive, poco más de la mitad fue creación de empleo público mientras que en el año último ese grupo sólo aportó un sexto. Es cierto que creció el peso de los monotributistas (pasaron de proporcionar un octavo a adicionar un tercio de los nuevos empleos), pero también aumentó el aporte de los asalariados privados, duplicándolo: del 14% del cuatrienio anterior al 28% del último año: Por último, en el segundo trimestre de 2017 la participación asalariada mejoró casi dos puntos porcentuales respecto de igual lapso de 2016 rondando el tan mentado “fifty-fifty”. Debido a la falta de datos oficiales entre 2004 y 2016, con estimaciones alternativas (CEPED, CETyD o CIFRA) puede afirmarse que esa variable habría disminuido respecto del valor de 2015 pero se habría ubicado, aproximadamente, en torno del nivel de 2014.
Es claro que persiste el agobio social y político representado por el tercio de la población que no puede superar los ingresos necesarios para evadir la condición de pobreza. Para el INDEC, en el segundo semestre de 2016, había un 30.3% de personas pobres. Y, en el primer semestre de 2017, disminuyó al 28.6% Para hablar de esta cuestión siguen padeciéndose los efectos de la ruptura del sistema estadístico a partir de 2007 y su paulatina reconstrucción incluye heterogeneidades a veces insalvables. Según los datos de la UCA, en el segundo mandato de la Doctora Kirchner subió el índice de pobreza (pasó del 24.7 % en 2011 al 29.0% en 2015), acompañando el deterioro de otras variables. En 2016 se agregaron un par de puntos porcentuales. Es decir, a los más de 12 millones de personas en condición de pobreza en 2015 se adicionó –al menos- otro millón. Los números son ilustrativos por su cuantía como, infortunadamente, por estar lejos de ser algo novedoso o reciente.
Las distintas miradas en torno de las normas legales aprobadas por el parlamento en las últimas semanas de 2017 carecieron de una adecuada ligazón con estos elementos de la realidad y no han llegado a configurar un debate. Ni el gobierno se preocupó de explicar con claridad su contenido ni su eventual necesidad en virtud de las condiciones vigentes, ni las distintas vertientes opositoras se caracterizaron por arrojar claridad y, en general, menos aún alternativas efectivas.
No obstante, aún está pendiente en el país más de una discusión relevante: ¿cuál debe ser la estrategia de crecimiento que requiere la Argentina? ¿Cuáles son los mecanismos que aseguran mayor efectividad de su aparato productivo, incluyendo las inversiones empresarias? ¿Cuáles son los mecanismos para confrontar a los sectores monopólicos o más concentrados que -en épocas mejores y peores- siempre han sacado las mejores tajadas? ¿Cuáles son las maneras idóneas para que el aparato estatal en todos sus niveles contribuya eficazmente al mejoramiento de la competitividad a nivel internacional? ¿Cuáles son las formas a través de las cuales podremos ir armando una estructura impositiva realmente progresiva en cuyo marco pague más el que más tiene y los ingresos tiendan a asentarse en los impuestos directos y no en los indirectos?
En esos debates aún pendientes hay responsabilidades compartidas. En primer lugar la gestión gubernamental es responsable no dando por sentado o conocido el diagnóstico y menos aún el tratamiento necesario. En segundo lugar, a los partidos que integran la oposición política en sus más variadas expresiones, les compete no sólo rechazar el maniqueísmo y más aún la irrealidad, aportando alternativas en especial ante las opciones no satisfactorias propuestas por el oficialismo. Pero, además, los sectores sociales más variados también deben hacer oir su voz constructiva, rechazando –todos- el canto de sirena de la violencia y a los violentos cuyo verbo y accionar es rechazado mayoritariamente.
De esa manera, podrán preservarse algunas de las incipientes buenas noticias presentes y encaminarnos al logro de las (cuantiosas) aún faltantes. No es seguro pero es posible.

domingo, 21 de enero de 2018

Hay signos alentadores en los datos de distribución del ingreso


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21 de enero de 2018  
Contra los pronósticos más dramáticos, que no faltaron en los dos años que lleva la gestión macrista, siguen apareciendo evidencias de que la distribución del ingreso estaría recuperando, con parsimonia, un sendero de mejora. Con las limitaciones que tienen estos indicadores, siempre se los ha usado para aludir a condiciones de trabajo o de vida de personas y hogares en sociedades modernas.
A menos que decidamos abandonar su utilización, parece pertinente dedicar una mirada al desempeño socioeconómico a partir de dos informes del Indec referidos al tercer trimestre de 2017, es decir, en el período preelectoral. Si bien es el último dato disponible, no tiene por qué reflejar lo que ocurre en estos días.
El último informe oficial proviene del área de cuentas nacionales y describe datos positivos: hay un (modesto) incremento de la participación salarial en el producto respecto de un año atrás y un interesante aumento del volumen de puestos de trabajo. Habrá que seguir con detenimiento la evolución de los puestos, porque hay un sesgo fuerte de los no asalariados (la mitad de los casi 400.000 nuevos puestos) y, dentro de los asalariados, una sobrerrepresentación de los precarios. Los asalariados protegidos crecieron, en un año, al menos al ritmo del total de la población.
En diciembre se publicó el informe sobre distribución personal del ingreso, basado en la Encuesta Permanente de Hogares del tercer trimestre. Se observa una clara mejora respecto de igual trimestre de 2016 en los tres indicadores usuales, y también en relación con 2014. Tanto en los ingresos individuales (laborales o no) como en el ingreso per cápita familiar, el índice de 2017 es el más alto desde 2003, en términos reales.
La diferencia entre los ingresos de la ocupación principal y los ingresos individuales consiste en que estos últimos incluyen a aquellos y a todas las percepciones personales de cualquier origen. Los ingresos familiares per cápita reflejan la mayor (o menor) disponibilidad de fondos de los integrantes de la familia: si hay más ocupados en el hogar, al margen de que mejore o no la capacidad de compra individual, la situación será mejor. Si, además, suben los ingresos de otro tipo (jubilaciones u otras transferencias), también se mejorará.
No está claro si los cambios metodológicos introducidos sesgan los resultados, pero la evolución es coherente con la mejora del índice de Gini (cae unas décimas) y con la leve mejora de la distribución funcional del ingreso, en ambos casos respecto de 2016 y con datos homogéneos.
Descontada la inflación, y considerando como índice 100 los valores del tercer trimestre de 2004, el ingreso de la ocupación principal llegó a 144, el individual a 135, y el per cápita familiar a 153cuando se preparaba la contundente reelección de Cristina Kirchner. Esa evolución habla de una importante mejora de la capacidad de compra de salarios e ingresos no laborales individuales, y, más aún, de los mecanismos redistributivos recibidos por las familias. En 2017, esos valores se ubicaron en 142, 137 y 162. Aun con el sacudón de 2014 y la caída del PBI y los ingresos en 2016, en 2017 habríamos recobrado los valores de las vísperas del tercer mandato kirchnerista. En los ingresos familiares, con una mejora más que notable
El desempeño de los ingresos entre 2003 y 2015 tuvo tres etapas bien diferenciadas, casi coincidentes con los tres gobiernos de igual signo. En el primero, creció el producto y mejoró la distribución y la redistribución del mismo, con un fuerte aumento del empleo. En el segundo lapso, el empleo entró en un amesetamiento, aunque siguió, con menor ímpetu, la mejora de los ingresos. En el tercer período hubo un estancamiento del empleo asalariado privado y una aceleración del origen estatal, con un deterioro del ciclo económico, todo lo cual se expresa en una preocupante situación socioeconómica y sociolaboral (cayeron los tres indicadores).
En el bienio de la actual gestión se retoma, en nuevas y modestas condiciones, el sendero del aumento del empleo y los ingresos, según los informes aludidos. De perdurar esta dinámica, será extremadamente largo y penoso el camino para tener algún éxito significativo en cuanto a la meta oficial de eliminar la pobreza. Ese indicador empeoró entre 2011 y 2015 (al margen de la negativa a medirlo por ser "estigmatizante"), desmejoró en 2016 y se recuperó algo en 2017.
El comienzo de año no se presenta auspicioso. El alza del índice inflacionario a fines de 2017, el desfavorable cambio en el cálculo de los ajustes de las jubilaciones y asignaciones de marzo, más los aumentos en los servicios y el transporte parecen golpes importantes en sentido contrario a los buenos indicadores de actividad.
Preservar la distribución factorial del ingreso y los mecanismos de redistribución es una meta valiosa a la que deben apuntar el Estado, las empresas y las organizaciones sociales y de trabajadores. Parece un esfuerzo imposible de concretar, a menos que lleguen los consensos hasta ahora tan mencionados como esquivos.

TEMAS EN ESTA NOTA

jueves, 18 de enero de 2018

El empleo subió más en el sector informal de la economía

El empleo subió más en el sector informal de la economía

Los puestos de trabajo crecieron 1,9% en el tercer trimestre
JUEVES 18 DE ENERO DE 2018

PARA LA NACION



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Los puestos de trabajo en el país subieron a 20.518.000 en el tercer trimestre de 2017, un 1,9% más que en el mismo período de 2016, informó ayer el Instituto Nacional de Estadística y Censos (Indec).
Según el informe Cuenta de Generación de Ingreso e Insumo de Mano de Obra del tercer trimestre del año pasado, la cantidad de trabajadores asalariados registrados aumentó 0,9% en la comparación interanual, al sumar un total de 10.637.000 puestos, mientras que en el sector informal no registrado creció 2,2%, con 4.938.000 empleos.
En tanto, de los 4.943.000 cuentapropistas, un tercio de ellos, 1,6 millones, se desempeñaban en el sector de comercio; 485.000 en el agropecuario, y 238.000 en servicios de salud.
"Los puestos de trabajo totales del tercer trimestre de 2017 ascendieron a 20.518.000 De ellos, los asalariados fueron 15.575.000 y los puestos de trabajo no asalariados totalizaron 4.943.000 El total de puestos de trabajo asalariados se distribuye en 10.637.000 registrados y 4.938.000 no registrados", se detalla.
Además, el Indec sostiene que la participación de la remuneración al trabajo fue de 52,7% en el tercer trimestre de 2016 y de 52,8% en el tercer trimestre del año siguiente. La participación de la remuneración al trabajo creció 0,09 puntos porcentuales, a raíz de una caída del 0,20 del sector público y un alza de 0,29 del sector privado.
"Si se compara con el aumento de la población es alentador, porque es casi el doble de ese aumento. Hay mayores oportunidades relativas y es bueno desde el punto de vista de la sociedad generando bienes y servicios de uso colectivo", sostuvo Javier Lindenboim, director del Centro de Estudios sobre Población, Empleo y Desarrollo (Ceped).
Pero el especialista puso el foco en que "los puestos no asalariados crecieron a mayor ritmo y dentro de los asalariados los desprotegidos crecieron más que los protegidos".
Esto último puede significar "que las condiciones laborales no son buenas por lo que aumenta el empleo sin cobertura o bien que la demanda de puestos aún no llegó plenamente al mundo 'en blanco' de la economía", consignó.

lunes, 8 de enero de 2018

¿Mejora la distribución del ingreso en la Argentina? El Cronista 8-1-18

Columna en El Cronista 8-1-2018

¿Mejora la distribución del ingreso en la Argentina?

JAVIER LINDENBOIMDirector del Ceped e investigador del Conicet
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La manera en que la sociedad distribuye los ingresos y la riqueza suele ser la expresión de sus características dominantes (más igualitaria, más excluyente, más indiferente) aunque a veces sólo se percibe alguno de sus emergentes. Los últimos datos proporcionados por el Indec acerca de la situación de los ingresos monetarios de las personas y las familias son alentadores aun cuando las desigualdades persisten.

Un poquito de historia

Hace exactamente una década, el entonces ministro Martín Lousteau intentó enfrentar lo que por entonces era un problema incipiente pero relevante: el impacto fiscal de los crecientes subsidios. El rechazo de su propuesta fue reemplazada por la famosa Resolución 125, que al tiempo que construyó una trinchera social no resolvió la cuestión que venía a remediar. Los tímidos amagues posteriores por ajustar tarifas fueron sucesivamente quedando de lado con lo cual el único camino, habida cuenta de la falta de acceso a los mercados de crédito fue tomar deuda cara con Venezuela, primero, y acelerar la emisión y las tensiones inflacionarias, luego. Y ante la presión de la Justicia por terminar con la segregación de los jubilados que no cobraban la mínima se ideó un sistema de ajuste que no podía basarse en la preservación de la capacidad de compra de los ingresos porque se había roto el termómetro (el IPC). Para colmo la innovación fue falseada desde el inicio mismo generando alzas artificiales en los ingresos.

Afrontar este tipo de desequilibrios, incluyendo los sucesivos parches a la coparticipación de los ingresos fiscales, de los que se detrajeron 15% del impuesto a las ganancias en los 90 (con la privatización del sistema previsional) y no se restituyeron al reestatizarlo hace una década era y sigue siendo tarea prioritaria. Y discutir a fondo el modo de encararlo quedó otra vez para mejor ocasión. Ni la única manera de "resolver" la cuestión era manotear un trimestre de ajuste (el nudo de la discusión) ni lo mejor era dejar todo como estaba. Es decir, ni se fue a fondo en materia fiscal, y menos aún en materia previsional. Tampoco se estimó, hasta ahora, el impacto del reflujo de los fondos hacia la población más castigada por los índices de pobreza en el Área Metropolitana, cuyas condiciones desfavorables de vida se apunta a mejorar.
Debe decirse que el cambio de la fórmula de ajuste no requería, per sé, hurgar en el bolsillo de los perceptores para cubrir el bache fiscal producido por el acuerdo interprovincial. Si lo buscado era el ahorro debió haber sido expresado así con claridad. Y por separado debió explicarse el sentido último del cambio del mecanismo de ajuste trimestral así como la inconsistencia subsistente en el modo en que se lo aplicaba hasta ahora.
Probablemente el tercer trimestre de 2017 refleja parte de aquel "ventajoso" mecanismo que funcionaba mejor con el aumento nominal de la recaudación pero no aseguraba la preservación de la capacidad de compra de los ingresos cuando disminuye el ritmo inflacionario (es lo que, se supone, se garantizaría con el nuevo sistema).

Los datos sobre distribución personal del ingreso

Según el último informe del Indec el ingreso de la ocupación principal (IOP) aumentó cuatro puntos porcentuales respecto de igual trimestre de 2016. Los ingresos individuales (II) -que incluyen también ingresos no laborales- mejoraron ocho puntos porcentuales. Y los ingresos per cápita familiares (IpcF) crecieron, en términos reales, en torno de los diez puntos porcentuales en el último año. Esta variable es la que suele reflejar con cierta eficacia las oscilaciones de las transferencias realizadas a miembros de las familias (jubilaciones, pensiones y AUH).

Los antecedentes de estos últimos 15 años (en este caso se carece de los de 2007 y 2015) ilustran diversos aspectos de la realidad socioeconómica de la Argentina reciente.
Los datos por subperíodos corroboran lo ya conocido: el enorme impulso económico a la salida de la crisis, que elevó en términos reales los ingresos laborales en más del 20% y casi el 40% el per cápita familiar, consecuencia derivada ante todo de la multiplicación de puestos de trabajo al interior de las familias. Con posterioridad, declinan de modo notable tanto los ingresos individuales como el per cápita familiar pese a una leve mejora de los de la ocupación principal.
Luego la pérdida es generalizada (aunque podría mostrar algo diferente si contáramos con los datos de 2015; en cambio, deben utilizarse los de 2014, uno de los peores momentos de la segunda década del siglo XXI). Por último, en relación con 2014, el desempeño en 2017 muestra una mejora modesta (5%) de los ingresos de la ocupación principal, un crecimiento algo mayor en los ingresos individuales y una notable mejoría (más de 15 puntos porcentuales) de los ingresos familiares per cápita.
En comparación con el tercer trimestre de 2011, vísperas de la reelección de Cristina Fernández de Kirchner, los valores de igual trimestre de 2017 son un par de puntos menores para los ingresos laborales pero con mejoría de tres puntos porcentuales en los ingresos individuales y nueve puntos más arriba en los ingresos familiares. Es decir que si bien hubo un leve deterioro de los salarios reales en el sexenio, hubo mecanismos redistributivos que mejoraron la capacidad de compra de los ingresos familiares de manera sensible.
Como colofón puede anotarse que el Coeficiente de Gini -que mide la disparidad entre los perceptores- mostró, en el tercer trimestre de 2017 una caída de 0.45 a 0.43, es decir un mejoramiento en la distribución del ingreso.
Nada de esto excluye que los ingresos cubren en promedio una parte de las necesidades habituales y que alrededor de un tercio de la población sufre carencias tales que implican condiciones de pobreza. Los índices disponibles mostraron una fuerte disminución en los primeros años posteriores a la crisis de 2001-2002 seguidos de un estancamiento hasta 2011 y de allí en más un aumento de los indicadores de carencia hasta 2015. Más recientemente se empeoró la situación de pobreza en los tramos iniciales del gobierno de Cambiemos con un modesto mejoramiento en el último año.
Está por verse cuál será el efecto en los ingresos laborales y de los hogares derivado tanto de la tibia recuperación económica de 2017 y su eventual continuidad en este nuevo año así como del aminorado incremento de los ingresos de la seguridad social. En el marco de la notable dificultad para aminorar el ritmo inflacionario, sin embargo la información comentada del Indec permite alentar ciertas esperanzas pese a la difusión de los más duros pronósticos.