miércoles, 25 de abril de 2018

Debatir con los datos, no negarlos - Clarin 25-4-18

Columna en Clarin 25-4-2018

Quienes nos interesamos por los temas económicos o sociales solemos acceder a un conjunto de informaciones que luego procesamos en virtud de nuestra propia perspectiva de donde derivamos interpretaciones más o menos optimistas o preocupantes según el caso.
Así podemos hacer referencia al índice de desempleo, a la tasa de actividad, a la incidencia de la pobreza o a la variación del costo de vida o al salario real. Tras esas denominaciones, por lo general, hay consensos mínimos sobre el contenido de cada una o, más aún, sobre las diversas maneras en que puede ser aceptada su construcción como de carácter satisfactorio o bien, cuáles son los alcances o límites del indicador obtenido.
Sobre todo esto por lo común los organismos estatales correspondientes suelen construir metodologías que tienden a enmarcarse en recomendaciones internacionales producto de experiencias diversas.
Este mundo ideal no carece de inconvenientes. Por ejemplo, durante décadas hemos debatido acerca del significado y de las definiciones operacionales de la noción de informalidad. Para bien o para mal, a comienzos del siglo XXI, una conferencia de estadígrafos de la Organización Internacional del Trabajo aunó criterios y propuso una serie de normas para que de allí en más con la categoría de informalidad tendiéramos en todos lados a aludir al mismo tipo de fenómeno social.
El problema más difícil aparece cuando –cualquiera sea la motivación- se violentan las definiciones, se alteran arbitrariamente las metodologías o se malversan los datos que alimentan la construcción de indicadores.
Esto aconteció en Argentina en un doble sentido. Por una parte, y con el único propósito inicial de modificar el valor de un indicador (el Indice de Precios al Consumidor), se empezó un ciclo extendido a lo largo de casi una década de alteraciones ex profeso. Eso no sólo se instaló en la sociedad sino que dejó de utilizarse en el propio ámbito estatal uno o varios indicadores producidos por el INDEC. Este fue el caso durante la gestión Carlos Tomada en el Ministerio de Trabajo, en donde dejó de utilizarse a la Encuesta Permanente de Hogares luego de los manoseos a los que fue objeto a partir de fines de 2013 concentrando sus estudios y publicaciones en los datos de empleo registrado.
Pero, por otra parte, el segundo efecto no menos pernicioso es el que generó en el seno de la sociedad, la convicción de que ninguna información –especialmente de origen oficial- era utilizable y, por lo tanto, valía tanto un dato como otro alternativo. Durante un tiempo, los datos provenientes del sector privado fueron perseguidos judicialmente dando origen a iniciativas como el “Indice de precios Congreso”.
Cuando el INDEC, en el marco del cambio de gobierno a fines de 2015, recupera su mejor pasado histórico en materia de veracidad, oportunidad, autonomía, etc. de su labor, parte del daño inferido socialmente parece no poder revertirse. Por un lado, porque más allá de las intenciones proliferan dudas o reservas a algunos de los resultados de su labor (recientemente el caso del índice de pobreza, antes sobre distribución funcional del ingreso). Y, al mismo tiempo, también más allá de las intenciones, acciones relevantes del pasado como la creación de un índice de precios emitido por parlamentarios -que procuraba ser mejor que aquellos falsos datos producidos oficialmente- hoy perdura sin poder explicarse su sentido actual.
Respecto del índice de pobreza se ha producido, en el contexto descripto, un impacto tal que hizo reaccionar a quienes ven con malos ojos al gobierno macrista del peor modo. Una de las formas: “el gobierno de Macri miente” resulta una derivación directa de lo recordado más arriba al haberse destruido la certeza de la población en los datos producidos por la institución oficial. Hubo otras, casi risueñas, como aquellas que tratan de mostrar que en verdad la pobreza a fines de 2015 no estaba en las proximidades del 30% (como lo afirma la UCA) sino del 20% y que, por lo tanto, el índice no habría disminuido sino aumentado. Digo risueñas porque, de ser así, la situación en 2016 no habría tenido la gravedad que se ha argumentado hasta el cansancio. Evidentemente, para no admitir una situación harto beneficiosa para la población más castigada del país, se violentan los datos y se falsean los análisis.
Si todo esto ya es de por sí complejo y preocupante se ha agregado la difusión de la existencia de uno o más proyectos en esferas oficiales tendientes a reestructurar el organismo estatal a cuyo cargo están las estadísticas públicas nacionales. Una de las cuestiones no aclaradas es si esos proyectos se están elaborando al margen de la estructura actual del INDEC cuyo mérito es el de haber recuperado sus capacidades y saberes y haberlo hecho en un plazo relativamente escaso y así pudo recuperar credibilidad sobre los resultados de su labor.
¿Podremos en Argentina, oficialistas y opositores, discutir acerca de las opciones disponibles para actuar sobre el funcionamiento económico en aras de objetivos compartidos debatiendo cabalmente a partir de datos aceptables y aceptados e incluso construir en común los senderos que conducen a mejorar nuestras estadísticas? Una meta simple pero que desde la experiencia cotidiana actual luce como muy distante.

martes, 3 de abril de 2018

Empleo y pobreza, con luces y sombras - Clarin 3-4-18

Columna aparecida en Clarin el 3-4-2018

columnista invitado

Empleo y pobreza, con luces y sombras

Buenas noticias en datos sociales y económicos, pero preocupación por la inflación.

No hay dudas de que en las últimas semanas se han proporcionado, en simultáneo, buenas noticias en materia de datos sociales y económicos relevantes junto con preocupantes evidencias sobre una aceleración del ritmo de aumento de los precios. La cuestión pasa por no mirar con un solo ojo.
Dejemos de lado la reacción ingenua (o mal intencionada) que no ceja en buscar la pata coja: a) ante el aumento del empleo en 2017 se afirma –sin información fehaciente- que el incremento es debido al empeoramiento de la calidad de los puestos de trabajo; b) ante la baja de los índices de pobreza e indigencia en la segunda mitad de 2017 o bien se pone en duda la información proporcionada por el INDEC o bien se hace un salto temporal y se afirma “cómo va a bajar la pobreza con el alza del precio del dólar o los aumentos de las tarifas” (ambas cosas ocurridas, efectivamente, pero en 2018 y no en 2017).

domingo, 25 de marzo de 2018

Estadísticas socio económicas en Argentina Observatorio Metropolitano, marzo 2018

Este artículo fue pulbicado por el Observatorio Metropolitano del Consejo Profesional de Arquitectura y Urbanismo. Buenos Aires, marzo 2018


Estadísticas socio económicas en Argentina.
Toma de conciencia y reconstrucción institucional
Javier Lindenboim
Director del CEPED-UBA e Investigador del CONICET

Las estadísticas públicas y el derecho a la información

En cualquier país las estadísticas públicas conforman un agregado no arbitrario. Son, o tienden a ser, un verdadero sistema. En Argentina, el INDEC es nada menos que la cabeza del Sistema Estadístico Nacional (SEN). Pero más allá de lo institucional, lo importante es que se trata de datos e indicadores con un importante grado de interconexión.
Las estadísticas de carácter socio económico se sustentan en los datos que libre y colaborativamente proporciona la población, ya sea en sus casas (ante los censos de población o encuestas a hogares) o en las unidades económicas, al cumplimentar los diversos tipos de registros o al responder a relevamientos generales o sectoriales. En este sentido, indudablemente, la construcción de la “conciencia estadística” en la sociedad es una labor cultural de primera importancia que recae de manera preponderante en el organismo o conjunto de organismos que tienen tal cometido específico. De manera que además de la excelencia y solvencia de tales entidades, se hace necesario tejer un vínculo de confianza y respeto recíprocos entre los institutos estadísticos y la población en general. Como toda construcción social se trata de una tarea de largo aliento que requiere mucho esfuerzo, mucha perseverancia y una preocupación específica por evitar cualquier tipo de circunstancia que atente contra esa vinculación.
Por lo común, dichas estadísticas tienden a configurar un entramado de alta densidad en un doble sentido. Es decir, casi ningún indicador tiene significado por sí sólo ni puede generarse al margen del resto.
El derecho a la información incluye, en primerísimo lugar, el acceso al conocimiento circunstanciado de la realidad económica, social, institucional, etc. debido a (o vinculado con) la acción estatal. Y, por ello, más allá de otras consideraciones pertinentes, debe hacerse valer el cumplimiento de este derecho. Quizás no tiene tanta prensa, pero es igualmente un derecho humano esencial. Distinto del derecho a la alimentación y a la salud, pero igualmente básico.
A lo largo del siglo XX, la producción estatal de estadísticas en Argentina fue evolucionando al ritmo de fenómenos contradictorios, a tal punto que visualizar la línea tendencial de los cambios habidos resulta una tarea nada sencilla. [1]

sábado, 24 de marzo de 2018

Nota de Juan F Rinaldi en LA NUEVA, Bahía Blanca, 24-3-18

Nota de J F Rinaldi que incluye parte del diálogo mantenido sobre los datos recientes de la EPH



Luces y sombras del mercado laboral de Bahía Blanca

24/3/2018 | 12:45 |
Aunque los últimos datos oficiales para la ciudad son alentadores, todavía no puede hablarse de una recuperación positiva y sostenida en el tiempo. 
Luces y sombras del mercado laboral de  Bahía Blanca
Francisco Rinaldi
frinaldi@lanueva.com